Aquí os pego un artículo que nos ha dejado una compañera en una de las muchas listas de correo en las que estoy subscrito

EX SECRETARIO DE LA UNIÓN MUNDIAL DE CIEGOS Pedro A. Zurita Fanjul
En Coupvray (Francia) vino al mundo el 4 de enero de 1809 Luis Braille, el
inventor del código de lectoescritura en relieve que ahora utilizan las
personas
ciegas en todo el mundo. 2009 es un año muy especial, pues se cumple el
bicentenario del nacimiento de aquel niño que perdió la vista a los 3 años
jugando
con una lezna en el taller de talabartero de su padre. En Francia, en España
y en todas partes este año se aprovechará para celebrar congresos,
exposiciones
y otras iniciativas tendentes a difundir este sistema entre las personas que
ven y logran que las personas ciegas no se vean privadas de aprenderlo y
usarlo.

Los padres de Luis lo ingresaron en la escuela para ciegos que Valentín Haüy
había creado en 1784. Los materiales escritos con que se topó Luis eran
reproducciones
en relieve de las letras comunes con trazos lineales. Un capitán del
ejército, Charles Barbier, presentó a la escuela para ciegos un sistema que
él había
ideado basado, sobre todo, en puntos. Barbier se proponía que su código
sirviese para que los soldados se intercambiasen mensajes durante la noche.
El
joven Braille, al igual que sus compañeros, anhelaba que se encontrase algo
más eficaz para la lectura táctil que las letras en relieve que tenían los
libros de entonces. Braille se dio cuenta en seguida de que el código de
Barbier tenía la gran ventaja de utilizar puntos en lugar de líneas.

Los puntos se adaptaban mucho mejor que las líneas continuas a la percepción
táctil. En cambio, Luis vio desde un principio que el tamaño de los signos
de Barbier sobrepasaba mucho las capacidades perceptivas de la yema del dedo
índice. Tras muchos ensayos, llegó a la conclusión de que el tamaño ideal
se obtenía con las combinaciones de seis puntos en dos filas verticales de
tres.

En 1825, cuando Luis tenía sólo 16 años, presentó a la dirección de su
escuela el código, que las personas ciegas acogieron inmediatamente como
algo emancipador.
Además, quiso que desde un principio su código sirviese para escribir y
leer. Las personas con vista sentían un indisimulado rechazo hacia un código
lectoescritor
que se apartaba tanto de la escritura ordinaria. De todos modos, los niños y
adultos ciegos adoptaron siempre una actitud entusiasta hacia este nuevo
invento.

Luis Braille dedicó toda su vida a perfeccionar el código de lectoescritura
que hizo público cuando aún era un adolescente. Es triste que nos dejara en
1852 sin haber podido disfrutar plenamente de la alegría de contemplar el
éxito liberador de su sistema para las personas ciegas.

El Braille pronto fue aplicándose a todas las lenguas de cultura de toda la
tierra. Hoy día podemos decir que el Braille es verdaderamente universal. En
japonés, el Braille se aplicó al silabario que tienen allí para usos
restringidos y en chino el código Braille se basa en la transliteración
fonética.
El Braille en alfabetos tales como el cirílico, el árabe, el hebreo, el
tailandés, el coreano, etcétera, exhibe una mayor similitud que la que hay
entre
los distintos alfabetos ordinarios.

Durante los últimos 30 años las nuevas tecnologías han abierto para las
personas ciegas muchos caminos antes vedados. Hoy día, con los programas
adecuados,
a partir de un fichero de ordenador puede sacarse una copia en Braille con
rapidez y a un coste razonable. Gracias a internet, encontrar un libro en un
formato accesible es tarea relativamente sencilla. Por otra parte, la
digitalización hace posible que una persona ciega tenga en un espacio muy
pequeño
libros enormes. El Braille en papel sí ocupa un espacio grande. «El
Quijote», por ejemplo, ocupa dieciséis volúmenes.

Pese a los enormes progresos conseguidos en la grabación de la voz humana y
en la producción de voces artificiales de alta calidad, el Braille sigue
teniendo
virtudes inequívocas aunque se empleen las nuevas tecnologías. Lo deseable
es combinar inteligentemente Braille con voz sintética en el uso del
ordenador.

Es indudable que el Braille abrió a las personas ciegas las puertas del
conocimiento. Gracias a él los ciegos han podido realizar estudios de
cualquier
grado. El Braille ha posibilitado la participación efectiva en una gama
amplísima de actividades humanas. En varios países, ricos y pobres, hay
ciegos
que han sido o son ministros del gobierno, parlamentarios, diplomáticos,
profesores en todos los grados de la enseñanza, especialistas en ciertas
ramas
de la medicina y muy especialmente en la terapia física, intérpretes y
traductores, informáticos, dirigentes de empresas, técnicos de la
Administración
civil...

La utopía de lograr un mundo verdaderamente para todos está ahora mucho más
cerca que antes.